No se puede convertir en un “arbolito de navidad”, como para colgarle cuanto adorno se le antoje a todo el mundo. La movilización por la paz del próximo 9 de abril no necesita más consignas para convocarnos. Ponerle punto final a un degradado conflicto armado, pesada herencia de nuestro inconcluso siglo XX, es razón suficiente para mover las fibras de la nación. Hacerlo el día del asesinato de Gaitán, para recordarnos la génesis de esta última pero repetida violencia política, tiene una inocultable carga simbólica. Y en la fecha que la Ley de Victimas escogió para recordarnos el impacto humanitario de esta guerra inútil, le pone un sello, una perspectiva, un ángulo a la paz que nos aprestamos a construir.